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El doble desafío que plantean los basurales clandestinos y el riesgo sanitario para las personas que viven en sus inmediaciones han llevado a Medio Ambiente y al programa Calle, de Dideco, a desratizar preventivamente. La colaboración de la comunidad responsable es clave.

Una rata se reproduce cada 22 días aproximadamente. Cada camada supone entre 8 y 12 nuevas ratas y el promedio por rata hembra es de hasta una decena de camadas al año. De ahí la importancia de reducir la población de este roedor que, en Talcahuano, se multiplica por efecto, entre otros vectores, de la basura clandestina que abunda en diferentes sectores de la ciudad.
Existe un riesgo sanitario asociado a la presencia de ratas que, en conjunto entre el área de Higiene y Saneamiento de la Dirección de Medio Ambiente y el Programa Calle de la Dideco, están enfrentando a través de las instalación de cebos raticidas.

“Se lleva a cabo en lugares de administración municipal como colegios, liceos, consultorios, canales, sitios eriazos, quebradas, bordes de cerro y áreas de interfaz – explicó Claudio Parraguez, de Medio Ambiente – Además se trabaja con las juntas de vecinos. Cada vecino hace un aporte y compran el producto, lo llevan donde nosotros y nosotros armamos los cebos. Luego, capacitamos a los monitores aplicadores, hacemos una charla con todos y se hace la desratización y su control”.
La basura en áreas de equipamiento pública representa un riesgo especial. En algunas se han localizado personas en situación de calle también son vecinos de Talcahuano, pese a su precaria condición.

“En Talcahuano hay cerca de 150 personas en situación de calle – apuntó Mauricio Soto, del programa Calle de Dideco – algunos se agrupan en rucos, otros se guarecen donde familiares durante el invierno o en las noches buscan donde refugiarse. Y si bien existe aún poca colaboración en algunos sectores, como por ejemplo los alrededores del Mercado Central, donde aún no se ha tomado real conciencia, la idea es que las personas en situación de calle se sientan integrados a la comunidad en alguna medida, que es lo más importante a nivel social”.
Cebos y reciclado

Unos 300 pesos de costo tiene cada cebo. Se trata de un control químico compuesto de cereales azucarados que los ratones ingieren y, al cabo de 5 días, mueren. Cada trampa es confeccionada por el área de Higiene y Saneamiento usando botellas plásticas recicladas, que se cortan y arman.

Para hacerse una idea de la importancia de la colaboración de los vecinos en la protección y significado de las trampas, hay que señalar que, sólo en las juntas de vecinos Juan González Huerta-Alianza, que trabaja el tema junto al Quiero mi Barrio, se prepararon más de mil trampas para cubrir sobre 500 viviendas. El llamado de los encargados técnicos es denunciar el robo de trampas y comprender, por parte de los vecinos, que el esfuerzo por mantener a raya la población de roedores nos involucra a todos.


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